martes, 25 de septiembre de 2012

historia y arroyo






Los límites entre la naturaleza y la historia son difusos. Pensar en el arroyo Napostá es pensar en la ballenera “Luisa”, la goleta en la que llegaron los primeros materiales para la construcción del Fuerte Argentino.
La memoria histórica se construye a partir de relatos y experiencias, si se oculta el arroyo se ocultan las historias que hay en relación a él, por ejemplo la de Raquel Zárate que vivía en el barrio 17 de Agosto y juntaba mojarritas a la hora de la siesta, o el trazado estratégico que previó la empresa FCS, a fines del sigo XIX, funcional al abastecimiento de agua requerido por las locomotoras a vapor, o los carteles en el parque de mayo, que indicaban a mediados de la década del ‘90: “no bañarse, cólera”.


Pensar en el curso de aguas del Napostá conlleva una serie de preguntas históricas que problematizan el pasado y el presente del arroyo: ¿Cómo se organiza la ciudad en relación a este?  ¿Por qué se llama Napostá? ¿Es uno solo o son tres? ¿Es posible leer la experiencia del Entubado en relación a la última dictadura militar? ¿Qué hay abajo del entubado, hay animales, plantas? ¿Qué memoria existe en la ciudad en relación al arroyo? ¿Qué tienen que ver las vías del FCS y el curso del agua? ¿Por qué aguas negras?